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viernes, 19 de noviembre de 2010

LA VIDA DESPÚES DE LA MUERTE III

EL CASO DE NORMA PIQUERO

El 13 de julio de 1978 sufrió un accidente automovilístico que la llevó a un estado de coma y a un diagnostico de politraumatismo encéfalocraneano con hundimiento y fractura temporal derecho.
Su estado de coma duro 14 días. Al tercero tuvo un paro cardiaco del que fue recuperada gracias a la rápida intervención profesional. Al volver, relató lo que sintió en ese momento:
“Sentí que me elevaba y me invadía una gran paz. Todo era cielo. Un cielo negro donde no había estrellas, ni planetas, ni nada. De pronto se abrió una gran luz que parecía marcar un camino y una quiere ir por él desesperadamente porque se siente que al final esta la vida. No tenia un sexo definido, no extrañaba a nada ni a nadie y, es mas, una no quiere volver. En la Tierra, en el hospital, mi cuerpo estaba muy mal y mi cara desfigurada, con el cabello pegajoso y pudriéndose con la sangre que tenia pegada. Todo era terrible. Yo veía eso y a los médicos que decían que si no reaccionaba ya no había nada que hacer, pero yo estaba ahí. Estaba trasladándome suavemente por ese camino sintiendo una paz tan inmensa que con palabras humanas nunca se podrá explicar. Esa luz me atraía mas y mas.
Cuando llegué al final del camino estaba sobre algo que parecía una gran nube y en todo su esplendor, el Señor Jesucristo, Jesús con toda su grandeza, gloria y humildad. ¿Sabe lo que se siente? Amor. Pero no el amor humano sino el Amor que solo Dios puede dar, ese que necesitamos y buscamos en distintas cosas como religiones, ciencia, ocultismo o lo que sea, pero que solo Dios Jesucristo nos da. Es tan grande y hermoso que cuando lo vi, quería abrazarlo desesperadamente. El Señor estaba de espaldas y extendió su mano hacia atrás, deteniéndome. Yo toqué su bella mano y El dejó que lo hiciera pero me dijo con suavidad `No me toques`.

En ese momento sentí como un tirón hacia atrás y entré en un túnel con muchos colores mientras escuchaba la voz del Señor que me decía: `Estoy vivo. Soy Jesús. Ve y diles lo que viste`. Caí en un patio que era donde mi mama vivía de soltera. Estaba mi abuela sentada en su silla y me esperaba con sus brazos abiertos. Corrí y la abrace llorando porque recién ahí me di cuenta de que ella había muerto hacia tiempo, al nacer yo, que ni siquiera llegué a conocerla. Ella, en ese momento, me sonreía y me acariciaba la cabeza mientras me decía `quedate tranquila porque no vas a morir`. Fue en ese preciso instante cuando volví a mi cuerpo.

Los médicos me sacaron del paro cardiaco. Pasaron diez días más y el 27 de julio, a las seis de la tarde, abrí los ojos saliendo del estado de coma. Era el día de mi cumpleaños. Lo primero que sentí era que no quería estar ahí. Quería estar Allá, con el Señor de la túnica resplandeciente, de largos cabellos, de potente voz y de su Luz hermosísima”.


FUENTE: Producción de revista Gente; La vida después de la vida, fascículo nº6

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